Las dos caras de diciembre

En diciembre las luces de navidad nos muestran una cara alegre, llena de brillo y esperanza que hacen que nuestros pensamientos se inclinen a creer en la presencia de Dios en cada momento de la vida.

Este mes es muy propicio para poder perdonar a quienes nos dañaron, y a pesar del dolor que se pueda experimentar con aquel recuerdo, se opta por ser libre del rencor y de todo aquello que distancie nuestro corazón de los demás. Las familias se vuelven a reunir y entorno a un pesebre, se celebra la vida, disfrutando lo que nos produce paz y alegría. No existen razones para perder la esperanza y todo aquello, por más difícil que sea, se vuelve un motivo para poder descubrir el amor tan grande que Dios nos tiene.

Diciembre es un mes especial, lleno de entusiasmo, pero también se vuelve un tiempo en el que muchas personas se sienten solas, tristes y sin esperanza. Se convierte en una especie de antítesis de lo que se acostumbra sentir en este tiempo navideño. Algunos hasta le cogen fastidio a tanto villancico; los adornos navideños se convierten en detonantes de tristeza y rencor contra las personas o incluso la vida.  Este mes se llena de reclamos familiares o frustraciones por no haber alcanzado las metas que se propusieron.

Es evidente que este sentimiento no tan agradable no nace de la nada, ya que no es sencillo celebrar la navidad cuando no tienes la situación emocional, espiritual, económica, educativa favorable. Puede que muchos digan que lo que realmente importa es el nacimiento de Jesús, y es cierto, pero no podemos juzgar a quien no puede hacerlo con esa aparente facilidad.

Tú puedes estar en alguna de estas dos caras de diciembre, o probablemente a la mitad de ellas. No eres ni mejor. ni peor por el camino que elegiste para vivir este mes. Solo quiero que sepas que mereces ser feliz y debes preocuparte por los demás. Tener espíritu navideño no significa olvidarse de todos viviendo en una burbuja festiva. Y si eres quien no cree ni le gusta la navidad, te invito a buscar en los pequeños detalles la presencia de Dios.

César Peña

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